5 de julio de 2026

SOSTENER A LOS MAESTROS

Alvaro Siza pintando
Hay fotografías de Henri Matisse, anciano, sosteniendo un largo bastón en cuyo extremo hay sujeto un trozo de carbón con el que dibuja enormes figuras sobre la pared. Esos trazos, realizados directamente por la mano de un viejo sobre el muro, permiten pensar en una rara forma de medios auxiliares en los oficios que aparecen necesarios con el trasncurso del tiempo. El maestro anciano se apoya en el bastón para caminar, tal vez, pero inventa, a la vez, sistemas inusuales para poder seguir ejerciendo su pasión. No me refiero solo a unas gafas de grosor creciente, sino a todo un séquito de auxilios, vivos o mecánicos, personales o instrumentales, que le permitan prolongar sus brazos y su incansable espíritu.
Necesitados, como todos, de escaleras para llegar a lo inaccesible, la voluntad de continuar más allá de la edad y de un físico decreciente, pero sostenida por un ánimo incansable, no es algo despreciable. Imagino que hay una corriente que empuja por dentro, una pasión intacta, en este caso la de Álvaro Siza por el dibujo, que hace que merezca la pena asumir riesgos casi de escalador. Larga vida no solo a Siza, sino al dibujo, y a la arquitetcura, que viven dentro de él y que lucha por salir de su mano en cada trazo, como una posesión divina e inspirada.
  
 
There are photographs of Henri Matisse in old age, holding a long stick with a piece of charcoal attached to its end, drawing enormous figures directly onto a wall. The gesture of those drawings, traced by the hand of an elderly man across a vertical surface, suggests a curious category of auxiliary devices within artistic practice. The ageing master may lean upon the stick in order to walk, yet he simultaneously transforms it into a mechanism that allows him to continue exercising his passion. This concerns not only spectacles of increasing thickness, but an entire retinue of aids, mechanical or living, personal or instrumental, all devoted to extending both the reach of the arm and the endurance of the spirit.
Like everyone else, dependent upon ladders in order to reach what lies beyond us, there is something deeply admirable in the determination to continue despite advancing age and a weakening body, sustained by a spirit that refuses exhaustion. An inner current persists, a force pushing outward. In this case, it is Álvaro Siza’s passion for drawing, powerful enough to justify risks almost comparable to those of a climber. Long life, then, not only to Siza himself, but to the drawing that inhabits him and struggles to emerge through every movement of his hand, like a divine and inspired possession.
 

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