Necesitados, como todos, de escaleras para llegar a lo inaccesible, la voluntad de continuar más allá de la edad y de un físico decreciente, pero sostenida por un ánimo incansable, no es algo despreciable. Imagino que hay una corriente que empuja por dentro, una pasión intacta, en este caso la de Álvaro Siza por el dibujo, que hace que merezca la pena asumir riesgos casi de escalador. Larga vida no solo a Siza, sino al dibujo, y a la arquitetcura, que viven dentro de él y que lucha por salir de su mano en cada trazo, como una posesión divina e inspirada.
Like everyone else, dependent upon ladders in order to reach what lies beyond us, there is something deeply admirable in the determination to continue despite advancing age and a weakening body, sustained by a spirit that refuses exhaustion. An inner current persists, a force pushing outward. In this case, it is Álvaro Siza’s passion for drawing, powerful enough to justify risks almost comparable to those of a climber. Long life, then, not only to Siza himself, but to the drawing that inhabits him and struggles to emerge through every movement of his hand, like a divine and inspired possession.






