5 de abril de 2021

LA UTILIDAD DE PONER PUERTAS AL CAMPO

Allí donde hay una puerta, (o un escalón o una ventana), ha pasado un ser humano. Basta encontrar en un territorio lejano las jambas de una entrada para reconocer allí una civilización completa. No son necesarios análisis arqueológicos o biológicos para asegurar entonces que otros antes habitaron esos espacios y que tomaron posesión de esa tierra y su horizonte. En esos gestos, misteriosamente, nos reconocemos. Como en un espejo.   
La más sencilla ruina de una puerta es una huella indeleble de un pasado común. Un árbol se vuelve casa, una montaña palacio y un valle jardín, si aparecen signos de un portón, un dintel o una cancela. Como la sal, o algunas especias, parece suficiente añadir una gota de arquitectura al mundo para que deje de ser naturaleza y se vuelva signo de una casa común. 
Así pues "poner puertas al campo" no es nunca un ejercicio tan inútil o insignificante como cabe pensar a primera vista; supone entablar una conversación. En cada puerta aparece por un instante el "otro" y un brevísimo asomo de diálogo. Una puerta es pues el signo de un parlamento, no solo entre sus dos caras, (como sucede con todas las puertas en su sentido físico más evidente), sino entre personas...
Ahora que la tecnopolítica presume de lograr la comunicación sincera entre individuos mediante la transmateralidad que ofrece una sociedad tecnológicamente representada - o como se diga -, basta toparse durante un paseo con los restos de una simple portezuela para sonreír un "buenos días".

4 comentarios:

Néstor Casanova Berna dijo...

Hola Santiago:
Verdaderamente, has formulado con ejemplar concisión una observación que tendrá futuro. Lo humano traspone umbrales. Según parece, somos existentes liminares, siempre en trance de atravesar, para siempre una puerta, tras lo cual ya nada será como antes. Quizá la propia arquitectura tuvo su origen cuando un lejano antepasado intuyó y practicó esta crucial operación.
Saludos cordiales desde Montevideo

Santiago de Molina dijo...

Hola Néstor,

Muchas gracias por tu amabilidad y tu siempre amplia lectura. Las puertas tienen un poder que, a pesar de todos los pesares, sigue estando presente en el mundo como un signo plenamente humano. Un afectuoso abrazo.

ignacio de teresa dijo...

Ningun otro animal ha conseguido hacer puertas! Lo más parecido que recuerdo es un tipo de pájaro que sellaba con barro la entrada de su nido en un tronco durante varios meses para incubar.. El macho quedaba fuera y era el encargado de abrir la puerta más adelante, si no le pasaba nada.. cualquier animal preferiría inventar la bisagra antes que la rueda! Jajaj

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Ignacio. Los animales son buenos hacedores de puertas, sin embargo su forma las delata.
Un saludo y gracias!!