8 de junio de 2020

LA CABAÑA Y SUS SÍNDROMES


El juego infantil y hermoso de construir una cabaña bajo una mesa, de refugiarse entre los pliegues de una cama o de esconderse en un armario se encarna, en la edad adulta, en la necesidad de la verdadera casa. No se trata de mera nostalgia sino de algo similar a lo que en el cuerpo en formación sucede con las "células madre" aunque trasladado al habitar.
La vivienda del adulto es ese lugar donde se produce la leve reminiscencia del viejo campamento de mantas, libros y cajas de la niñez. Esos cuartos dentro de las habitaciones, mejor que lo hacen las veraniegas tiendas de campaña, permiten a los niños habitar a la vez que imaginar habitar. El secreto lugar de lectura bajo una manta es tan inolvidable como indestructible. ¿Cuántas vocaciones lectoras no habrán nacido del clima que ofrece el resguardo de uno de esos tenderetes y la calidez de un libro malamente iluminado?
El material de esas cabañas primitivas fue siempre raptado de otras piezas de la casa: de improviso del salón desaparecían cojines, o del comedor sillas y entonces esa ausencia delataba a un menor construyendo un refugio antiaéreo o un campamento de verano. El súbito secuestro de los tomos de una enciclopedia anunciaba la construcción de unos tendales a los que esos contrapesos servían de equilibrio. A los pomos de las puertas se enganchan mantas o manteles con pinzas de la ropa. Aun a pesar de su fragilidad, la catenaria resultante siempre era inestable pero ofrecía la imagen de un verdadero techo. A sus afueras quedaban los zapatos. En su interior, su decoración estaba compuesta por libros, una linterna y, con suerte, alguna caja de galletas ¿Cuántas vocaciones de arquitectos habrán nacido también de esos juegos infantiles?
Nadie se extrañe si cercana a la próxima veintena de años las matriculaciones en las escuelas de arquitectura aumentan…

5 comentarios:

arqleandrozapata dijo...

Cuanta sensibilidad hay en ese texto, me parece ayer que estaba escribiendo (con fibrones de colores) la parte de abajo de la mesa del comedor de mi infancia. Solo será cuestión de buscar esa mesa, agacharse y leer algún mensaje de esa época.

Te felicito por darnos todas las semanas estrategias para pensar.
Saludos!

arqleandrozapata dijo...

Hola santiago, lindos recuerdos de la infancia me trajiste en este maravilloso texto. Tendré la tarea de revisar bajo la mesa de la casa de mis padres para encontrar los textos que escribíamos con fibrones. Creo que la identidad de las personas se construye desde niño y esas "marcas" bajo la mesa tendrán algo para decirnos hoy. Saludos!

Santiago de Molina dijo...

Agradezco mucho tu lectura, Leandro! Que mensajes esconden las partes bajas de las mesas!

Gabriel Quintana dijo...

Muy buen tema de Arquitectura, gracias por la info!

Santiago de Molina dijo...

Gracias Gabriel. Saludos