El virguero es quien, a pesar de dominar su oficio, no entiende nada de su oficio. Y emplea forma de más a cambio de un lucimiento que le deja siempre en mal lugar con el paso del tiempo. El virguero emplea recursos de todo tipo para lograr no se sabe bien qué, pero con un objetivo que acaba convertido en mero despilfarro sin alma. Se les aplaude, eso es cierto. Pero luego se les huye. El virguero no tiene ni la gracia ni el ángel del amante del ornamento. Como puede comprobarse, el resultado del trabajo de los virgueros raramente acaba en un encuentro virtuoso o en una solución memorable, sino más bien en un puro fiasco, como aquellos excesos empolvados de la ópera del siglo XVIII. Consecuentemente, todos debiésemos estar en guardia frente a este abismo. Uno puede cometer una virguería ocasionalmente, claro está, pero si se empeña en perseguir la virguería por sistema, puede convertirse en un pelma del detalle: es decir, en un virguero de aúpa.
El ajuste sin fin acaba derrochando materia, tiempo, habilidad y termina sin funcionar siquiera. El canalón retorcido no desagua, por mucho que aspire a volverse invisible tras la forma de la cornisa y el capitel. Por si alguien tuviese aún la tentación de postularse a esa cofradía, baste recordar que la sede de los virgueros está situada en uno de los círculos del purgatorio, donde se reúnen todos, muy hacendosos, y pasan la vida eterna fabricando y fabricando esquinitas que ajustan a las mil maravillas con otras esquinitas en un fractal sin fin sobre el que está sentado un sonriente Belcebú.
A los verdaderos virtuosos se les reconoce, en todos los tiempos, por el capotazo bien tendido, por el tono de voz susurrante y por la pincelada justa. Por construir con lo necesario en el sitio necesario. El virguero que aspire, pues, a la redención debe someterse al cultivo de esa otra religión del minimalismo y dejarse de lo que, dicho con otras palabras más castizas, se conoce con el precioso nombre de "chorradas". De un cirujano se espera que nos opere sin que tenga que hacer virguerías. Si ha tenido que hacerlas, mal pronóstico nos espera. Otro tanto cabría decir del arquitecto.
The virguero is someone who, despite mastering their craft, fails to understand it. They rely on excess form in pursuit of a display that, over time, leaves them in a poor light. The virguero deploys every possible resource to achieve something undefined, driven by an aim that ultimately becomes nothing more than soulless waste. They are applauded, certainly. But soon avoided. The virguero lacks both the grace and the instinct of those who truly understand ornament. As experience shows, their work rarely results in a truly accomplished solution or a memorable outcome, but more often in outright failure, like the overpowdered excesses of eighteenth-century opera. For that reason, we would do well to remain wary of this abyss. One may indulge in a flourish from time to time, of course, but to pursue it systematically is to become a bore of detail: in other words, a full-fledged virguero.
Endless adjustment wastes material, time, and skill, and ultimately fails to function. A twisted gutter will not drain, however much it tries to disappear within the form of the cornice and capital. For anyone still tempted to join that fraternity, it is worth recalling that the virgueros reside in one of the circles of purgatory, where they gather, industrious as ever, condemned to fabricate endless tiny joints that fit perfectly into one another, forming an infinite fractal beneath the watch of a smiling Beelzebub.
True virtuosos, by contrast, are recognised in every age by the well-judged gesture, the hushed tone, and the exact brushstroke: by building with what is necessary, where it is necessary. The virguero, if they seek redemption, would do well to submit to the discipline of minimalism and abandon what, in plainer terms, is known as “unnecessary excess.” A surgeon, after all, is expected to operate without resorting to flourishes. If such manoeuvres are required, the prognosis is poor. The same should be expected of the architect.







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