26 de abril de 2026

PESO Y VUELO

comparación Boeing 747 y Tempieto de Bramante_imagen santiago de molina
El tempietto de San Pietro in Montorio en Roma, edificado como un mueble dentro de un modesto patio en el comienzo del Renacimiento, pesa prácticamente lo mismo que un Boeing 747. El coste económico de uno solo de esos aviones es del orden de veinte veces más que el de esa discreta pieza de mármol. Eso sí, solo en términos materiales. Comparar lo incomparable es un pobre ejercicio intelectual, pero, respecto a la cuestión del simple peso, resulta muy ilustrativo del mundo de intereses entre los que se manejan la ciencia aeronáutica y la arquitectura. El “¿cuánto pesa su edificio?”, espetado por Fuller a Foster y que tan dolorosa y pedagógicamente este último recordaba, da que pensar si la arquitectura solo puede sentir que se vincula a la estabilidad, a la seguridad y al terreno tratando de hundirse en él, en primera instancia, a través del propio peso.
¿Existe por eso mismo una vocación ancestral de la arquitectura de construir cosas pesadas antes que ligeras? Desde luego, el peso es un instrumento de contacto con el mundo. Pero ¿es el único que se relaciona con el modo de estar cercados por la fuerza de la gravedad? No lo sé. Sí sé que un Boeing 747 tiene una obsolescencia cierta y que, con suerte, el tempietto de Bramante podrá seguir en pie, al menos un par de cientos de años más. Incluso, si se piensa en términos de alta cultura, puede que ese tempietto, aterrizado en medio de una colina poco visitada de Roma, haya volado más lejos, a pesar de estar hecho de pura piedra italiana, que cientos de aviones.
 
The Tempietto of San Pietro in Montorio in Rome, built like a piece of furniture within a modest courtyard at the dawn of the Renaissance, weighs practically as much as a Boeing 747. The cost of a single one of those aircraft is roughly twenty times that of this discreet marble object, at least in material terms. Comparing the incomparable is a poor intellectual exercise. Yet when it comes to simple weight, the contrast reveals the very different worlds in which aeronautical science and architecture operate. The question “how much does your building weigh?”, hurled by Fuller at Foster and later recalled by the latter with such painful clarity and pedagogical intent, invites us to consider whether architecture understands its bond to stability, safety, and the ground primarily by attempting to sink into it through its own weight.
Is there, then, an ancestral vocation in architecture to build heavy things rather than light ones? Weight is, of course, an instrument of contact with the world. But is it the only one that defines our condition under gravity? I do not know. What I do know is that a Boeing 747 carries within it a certain obsolescence, whereas, with a bit of luck, Bramante’s Tempietto may remain standing for at least a couple more centuries. And, in terms of high culture, this grounded tempietto, set on a little-visited hill in Rome, may well have travelled farther than hundreds of aircraft, despite being made of nothing but Italian stone.

No hay comentarios: