13 de febrero de 2012

CONTRA EL LUGAR


Como si fuese posible insultar a las montañas, o a la ciudad, o al clima, el gesto contra ellos tiene la inocencia y la provocación de quien se sabe ante unas deidades inaccesibles y tiránicas. Clamar al cielo, contra un estado y su gobierno, o despotricar contra el lugar a través de aspavientos, no es el sistema. Para ir contra el lugar, para destruirlo, para criticarlo, hay métodos mejores que los extremos de lo incendiario y lo inocente: la todopoderosa arquitectura.
(...) 

Puedes encontrar más sobre este tema en el libro: Hambre de Arquitectura

2 comentarios:

Jack Babiloni dijo...

Cierto, querido Santiago; resulta extrañamente aparadójico que en cualquier creación artística el porcentaje de propuesta constructiva sea SIEMPRE cuantificablemente infinitesimal en relación con las disciplinas destructivas necesarias para ponerlo en pie; verbigracia, las siete Romas construidas sobre la Roma actual son sedimento enriquecedor en tanto que pasaron a mejor vida. No en vano, toda tierra fértil, también SIEMPRE, sólo puede abonarse a base de excrecencias.

Felicidades, de nuevo, por tu valiente impulso debatidor, amigo, y feliz semana.

SANTIAGO DE MOLINA dijo...

Crecemos sobre ese sedimento y a su vez seremos sedimento del porvenir. Es decir, no hay pasado que no resulte fructífero, como no hay presente que no lo sea. Por malo que sea.
Lo has dejado todo dicho.
Gracias, Jack!