6 de febrero de 2012

ESPACIO FANTASMA



Francesco Borromini presumía de que su San Carlino era tan pequeño que cabía dentro de un pilar de San Pedro. Aunque en la comparación desde luego el tamaño no deja de sorprender, tanto o más lo hace la masa oscura e inabarcable planeada por Miguel Ángel.
Ese relleno negro se ha empleado a lo largo de la historia de la Arquitectura con profusión y se empezó a denominar "poché" en las antiguas escuelas beauxartianas del siglo XIX. Dicha expresión era empleada para referirse al espacio sólido representado con tinta, aguadas o rallados que indicaba una masa constructiva inaccesible.
Aunque el uso de ese relleno se extiende para señalar igualmente los espacios auxiliares, complementarios o indignos de ser reseñados, el mecanismo del poché pronto pasó a ser empleado para representar todo espacio invisible o indefinido. Es decir, el espacio fantasma.
Hoy el espacio poché está lejos de desaparecer. Aunque donde antes era pura masa, la técnica constructiva lo ha hecho innecesario, (salvo para la ingeniería y sus grandes logros). Del antiguo poché sólo queda para la arquitectura su empleo como signo gráfico de un universo de usos secundarios o de una masa invisitable. No obstante el espacio poche revela siempre una doble condición: la especial vibración de la materia encerrada en un contorno y el comportamiento específico de la mirada que allí se ve forzada a contemplar esas manchas como un fondo puro, insignificante y ciego, a pesar de su peso y protagonismo gráfico. Dicho de otro modo, el poche es una señal codificada y esquizofrénica, un signo excesivo y rotundo que sólo quiere significar lo insignificante.
A pesar del desprecio de la modernidad por esos rellenos, que han sido calificados como espacios “sobrantes” o “residuales”, lo cierto es que esos lugares permiten el conocimiento simultáneo de dos realidades. Son los encargados de las transiciones profundas de la arquitectura y de las complejas adecuaciones entre el interior y el exterior. Y la obra de San Carlino, sin ir más lejos, como la de todo el barroco, es ejemplo memorable de ello.
Es necesario que haya espacios malos para que pueda haberlos buenos. Louis I. Kahn, decía que en igual proporción.

Puedes encontrar más sobre este tema en el libro: Hambre de Arquitectura

7 comentarios:

reHabitar dijo...

pues sin ir más lejos, Peter Zumthor recurre al poché para definir conceptualmente los baños de Vals, que recuerdan deliberadamente una cantera excavada, como las de marés en Baleares.
en estos términos, la idea de excavación parece complementaria del poché.
Pere

SANTIAGO DE MOLINA dijo...

Zumthor y sus termas es un buen ejemo de moderno poché. Muy bien traído. También hay conocidos ejemplos en proyectos de Herzog y de Meuron... Muchas gracias por tu comentario, Pere.

Saludos

CUP arquitectura dijo...

¡Genial Santiago!, ese negro 'poche' simpre me ha sugerido mil cosas y cientos de aplicaciones en cientos de disciplinas... y no acabaría nunca. Mi preferido: ¡¡¡la carta de Roma de Nolli!!!, dejo un enlace:
http://nolli.uoregon.edu/artifact.html

Un abrazo,
Justo

Javier Alonso Madrid dijo...

Sin ir más lejos, varias herramientas BIM utilizan esa denominación para relleno de elementos tridimensionales de composición "indefinida".
Un relleno negro de ausencia de información relevante, pero en digital.

Gracias por la info histórica.

Javier Alonso Madrid

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias, Javier, Es un buen dato!. Un saludo

Pedro Enrique Duffau dijo...

Interesante el tema,acerca del"poché",en ciertas normativas municipales.en la presentación de los legajos de construcción,el "poché",se exige,en los planos,como los locales contruídos con "permiso municipal y planos aprobados",con anterioridad al presente...que se presenta.por alguna amplición o remodelación,de un edificio.Muy interesante e instructivo el tema publicado.

Santiago de Molina dijo...

Gracias Pedro Enrique!! Saludos