13 de octubre de 2014

ARQUEOLOGÍA DEL FUTURO


En Overton Down, en 1960, se llevó a cabo un experimento que no ha perdido interés, y no sólo para la disciplina involucrada. Se erigió un túmulo y una excavación de veintisiete metros de largo por siete metros de anchura y dos de profundidad para simular como se degradaba su geometría y las diferentes materias sepultadas en su interior. Pasados los años se realizarían diferentes seguimientos y catas con el objetivo de percibir la evolución del conjunto. La última de ellas se producirá en 2088. Ya en 1964 se obtuvieron los primeros resultados: la forma de todo variaba y los tejidos enterrados se decoloraban…
Hoy este experimento ha sido declarado patrimonio de la humanidad. Después de cincuenta y cuatro años todo ha sido retapizado con césped y aquel extraño agujero ha dado cobijo a una pareja de árboles.
Se podía haber adelantado su conclusión: el tiempo arruga el territorio a un ritmo indecente. Habría bastado observar la arquitectura. De hecho ésta y suelo están llamados a encontrarse nuevamente por mucho que se llame a eso ruina. Para la arqueología y para la arquitectura en realidad no existe la ruina como tal, sino sólo un ciclo abierto que redondea aristas, abre grietas y derriba todo.
Hay una continuidad real entre ambas disciplinas. Tanto es así que la arquitectura es una parte sustancial de una verdadera "arqueología del futuro" (más allá de lo promulgado por Jameson). Se manifiesta en cada edificación el espíritu de la verdadera "obra abierta". En todos los estados de la forma la arquitectura es siempre una valiosa transmisora de mensajes.
La continuidad entre obra y ruina se debe al maldito tiempo, al bendito tiempo, gran arquitecto, hacedor de formas y fabricante de sus significados.

7 comentarios:

José Ramón Hernández Correa dijo...

Muy interesante, como siempre.
A mí me llama la atención cuando veo en la Almoina de Valencia, o en el Museo de la Ciudad de Barcelona, las calles y trazas de la ciudad romana a seis o siete metros de profundidad respecto a la actual. ¿Qué ha pasado? ¿De dónde ha venido el material para que el terreno haya subido tanto hasta hoy?

Santiago de Molina dijo...

Gracias por verlo de interés constante. Es un ánimo.

La línea de flotación de las ciudades son un misterio, incluso no en todos los lugares de la misma ciudad cambian del mismo modo.

Gracias y abrazos

pere fuertes dijo...

el paso del tiempo es el aliado necesario de toda actividad humana. y creo que así debemos entenderlo. una 'máquina del tiempo' como ésta es una muestra magnífica de que trabajamos con procesos y no con resultados. por si no quedaba claro. gracias por el ejemplo y un abrazo. Pere

Mauro Alexis Ausqui dijo...

Gracias por el blog, que siga así. Es arquitectura y a la vez poesía. Saludos desde Buenos Aires, Argentina.

Santiago de Molina dijo...

Gracias por tus ánimos, Mauro. Te envio de vuelta un saludo trasatlántico.

PROArquitectura dijo...

¿Quien lo hubiera creido? Muy interesante el tema. Gracias por compartirlo.

Santiago de Molina dijo...

Gracias a ti Proarquitectura