27 de octubre de 2014

LA CALLE COMO APÉNDICE DE LA ARQUITECTURA


Cabe definir la calle como el espacio sobrante de la arquitectura: eso que queda entre los objetos construidos. También cabe hacerlo como el espacio que forma a los ciudadanos y sus personalidades.
Precisamente como formadora de espacios anejos, la arquitectura siempre posee una ineludible dimensión pública. Por mucho que un arquitecto firme la arquitectura, por mucho que sea pagada por alguien concreto, por mucho que en el registro de la propiedad figure como tal, es, antes que nada, una bien público porque constituye calles, y hace ciudades y paisajes. Y tras ellos, hombres.
Adolf Hitler dejó escrito que para destruir un pueblo, para eliminar en él la conciencia de si mismo, bastaba con destruir sus monumentos. Se equivocaba. Bastaba eliminar el espacio público, bastaba aniquilar sus calles y plazas para destruir a los ciudadanos. Cada ciudad demolida fruto de su "teoría", tras la guerra, puso enormes energías en reconstruir esas calles y sus espacios más significativos. Incluida la ciudad de Berlín.
El espacio más allá de la arquitectura, ese apéndice innombrado, es el espacio de mayor responsabilidad a que se enfrenta el arquitecto. El espacio de la verdadera responsabilidad civil. De ser así las calles serían diferentes y serían diferentes muchas obras.
Aquí estos niños bailando son los ciudadanos que serán por las calles que los cobijan. La verdadera educación para ser ciudadano se produjo siempre en el aula abierta de esos espacios públicos. Por eso la arquitectura es el verdadero apéndice de la calle y no al revés.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con la hermosa reflexión. La asociación calle-baile me ha recordado el fantástico texto de Jane Jacobs sobre su calle y el “baile” diario que se produce en ella. Adjunto enlace a un breve texto que ecribí sobre el tema por si a alguien le interesa echarle una ojeada: http://bailarsobrearquitectura.wordpress.com/2014/02/10/ojos-que-vigilan/
Saludos y enhorabuena por el post !
Iago López

Santiago de Molina dijo...

Gracias por tu comentario y por tu texto Iago. Un saludo!!

Stepienybarno dijo...

Estupendo texto, Santiago.
Es reconfortante ver que Adolf Hitler también se equivocaba en esto.
Un abrazo.

Santiago de Molina dijo...

Gracias por vuestra lectura Stepienybarno!! Abrazos

Miguel Bartolomé dijo...

Totalmente de acuerdo contigo Santiago.
A través de Stepienybarno he podido leer estas reflexivas palabras. Además, me vendrá genial nombrarte en un taller sobre cerámica y urbanismo donde quiero centrar el tema en los barrios y las actividades comunitarias que vuelven a rescatarse.
¡¡¡¡Enhorabuena!!!!!

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias por tu generosidad Miguel Bartolome. Saludos!!!

adolfo delavega dijo...

Cual es ese "Apendice Innombrable"?

Manuel Lería dijo...

Estoy realizando el proyecto fin de carrera,y se trata de un colegio infantil y primaria de una línea. Me ha sorprendido estas reflexiones y me han ayudado muchísimo, ya que el concepto que quiero reflexionar es el de un colegio entorno a su patio de recreos y que éste actúe como un pasaje (o calle) que una otras dos. Siendo un espacio que por las mañanas y por las tardes pueda adquirir diferentes usos.

Santiago de Molina dijo...

No sabes como me alegran tus palabras, Manuel. Mucho ánimo y gracias!!