26 de enero de 2015

HACER DETALLES, TENER DETALLES


La mirada que se echa de lejos a una obra de arquitectura es bien distinta a la que “pace”, como decía Paul Klee, en su cercanía. En los detalles hay algo que roza la intimidad con los problemas de la materia y del habitar. Cada detalle es un balcón abierto hacia la arquitectura. (...)

Puedes encontrar más sobre este tema en el libro: Hambre de Arquitectura

4 comentarios:

Nuki Nuk dijo...

Todo un detalle esta entrada, Santiago!
Los detalles son como el olor de esas frambuesas bajo la lluvia de agosto, que sin verlos de cerca sabemos que están allí :-)
Fantástica manera de empezar la semana.

Un fuerte abrazo!

Santiago de Molina dijo...

Un millón de gracias por tu refrescante ánimo. Un abrazo fuerte!!

José Ramón Hernández Correa dijo...

Hace años, en el ayuntamiento de Saynatsalo, mientras apreciaba su tranquilidad, su armonía, su luz, me di cuenta de que lo que más estaba disfrutando en ese momento respecto a lo que llevaba tantos años viendo en los libros era el olor.
Las fotos, los planos, etc, no dan la percepción real del espacio, pero nos dan una cierta aproximación. En cambio, el olor a madera, a barniz suave, a... a paz, es inefable. Eso sí que no viene en los libros.

Santiago de Molina dijo...

Hola José Ramón,
Que buen aroma desprende la arquitectura de Aalto. ¡Y como huele la de Barragán!, el olor de las maderas en sus casas es una cosa inesperada!. Gracias por tu comentario y un abrazo