8 de noviembre de 2021

SIN IMÁGEN

Una arquitectura sin imagen es hoy la única verosímil para salir del bucle infinito en que nos encontramos. No una arquitectura que prescinda de la imagen, sino una que no nazca desde ella, ni que la emplee como centro o que la fomente. No se trata de rehuir de la necesaria dimensión formal de esta disciplina sino de reformular su origen alejándolo de todo aquello que fomente su consumo o su interpretación. Hacer esto supone salir de todo discurso de apariencias y dirigirse hacia un interior despojado.
La arquitectura sería así, el simple pensamiento y la construcción de una habitación. 
Las habitaciones son la encarnación inmejorable de la arquitectura sin imagen. Nos ven pasar, somos interinos de sus entrañas a la vez que nos habitan. Habitación es la acción de habitar. Una arquitectura así comprendida contiene y genera su propio significado y no requiere de un programa ni de un usuario. “Las habitaciones más hermosas en las que he estado son las vacías. Almacenes llenos de polvo y luz. Áticos vacíos con una ventana. Llanuras sin árboles”, dice Yann Martel aludiendo a su esencial simplicidad. 
En una arquitectura sin imagen cabe el lento regocijo del tiempo y el silencio pero no los discursos ultrafuncionales con los que trata de darse visibilidad a los conflictos cosmopolíticos, las luchas transgénero, el poscolonialismo, o ninguna otra forma de desigualdad a través de la arquitectura. La arquitectura sin imagen es inmune a los discursos igual que lo hace el lento polvo soleado que flota en el interior de un cuarto. La arquitectura sin imagen tampoco participa de la retórica derivada de la sintaxis entre materiales. El vidrio, el acero o el más simple de sus ladrillos, por mucho que escondan una remota desigualdad social, ecológica o transpolítica, son incapaces de visibilizar conflictos si no es por medio de un discurso puramente externo, artificial y fútil. 
La arquitectura sin imagen no es blanca, ni cruda, ni una pura exaltación fenomenológica (destacar solo su materialidad es tratar de pegar sobre ella la pegatina de un nuevo discurso). Puede ser fotografiada pero siempre la realidad la mejora y completa. No es un espejo, no habla de nosotros. Dicta su propio significado. La arquitectura sin imagen no es una arquitectura sin referencias, sino inmune a ellas. Su esencia es antiadherente. El discurso resbala de la arquitectura sin imagen porque ambas entidades pertenecen a diferentes órdenes existenciales. Ante una arquitectura semejante el zombi crítico solo puede dejar escapar por su boca trozos de lengua muerta referidos al autor de la arquitectura y su monserga egotista. Sin embargo la arquitectura sin imagen está libre de personalismos. No es anónima sino carente de estilo (en su sentido decimonónico). La arquitectura sin imagen no carece de autor sino que se hace presente como trabajo colectivo... ¿Tiene aún sentido preguntarse por la autoría de la vacuna contra el covid, de un botijo o de un coche de fórmula uno? 
Dice Gertrude Stein que una “habitación es suficientemente grande si está vacía y sus rincones se mantienen unidos”. No hay nada que ilustre mejor la profundidad de la arquitectura sin imagen que esta frase. La unidad que mantienen las esquinas de una habitación es significativa de su propia capacidad expresiva y de su ética. Flaubert sitúa su origen en un ideal: “no puedo pensar nada en el mundo que sea mejor que una habitación agradable”. Si no hay ya posibilidad de utopías, la arquitectura sin imagen es hoy lo que más se le acerca. El único ideal realista que podemos pensar.

9 comentarios:

Néstor Casanova Berna dijo...

Sencillamente, has perforado tu propio techo. Mis más calurosas felicitaciones. Recomendaré este artículo en mi blog.
Cordiales saludos desde Montevideo

Santiago de Molina dijo...

La de rompetechos es una buena profesión por estos lares. Un afectuoso saludo, Néstor.

josé miguel león dijo...

Una auténtica lección de arquitectura (sin imágenes). Gracias

Santiago de Molina dijo...

Gracia a ti, José Miguel.

Sergio vargas dijo...

Sin imagen pero con aire......

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias por ver el aire, Sergio. Un saludo cordial.

zamorahernan / hzdedalus dijo...

Apreciado, me atrapó su texto. Me he quedado en él. Presiento tensión entre imagen y símbolo. Hacemos de las cosas del mundo símbolos para creer que nuestra existencia, efímera, frágil, tiene un sentido que nos trasciende. Sea cual sea la imagen: visual, sonora, olfativa, táctil… ¿Es la imagen el problema –si lo es? O, acaso, ¿lo será otra 'cosa' de la que no sabemos, no podemos o no queremos hablar? Por sobre todo lo que intento expresar, digo para usted, una vez más: gracias.

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias por dejarte atrapar por el texto, amigo Hernán. Y siento no saber contestar a tus preguntas, que trascienden, y con mucho, lo escrito. Lo único razonable es enviarte mi hermandad. Un abrazo y gracias.

mmpenso dijo...

Gracias Santiago por esta maravilla de texto.

Creo que en estos momentos es lo preciso, nos corresponde despojarnos de los egos y construir acogiendo al y los otros desde el cuidado, abrirnos hacia la tierra.

Ahora bien, me deja pensando lo de habitación, en Europa le encuentro plena coherencia, pero cuando pienso en Latinoamérica, me imagino otra cosa...

Leyendo a Byung Chul Han en su libro Ausencias, nos dice que en Oriente no se habita sino que se transita, ya que vivir es sinónimo de caminar y en consecuencia "el caminante no deja huellas porque se halla sin permanecer". Y, con la lectura, nos va llevando hacia un hallarse "en medio de".

Pensando desde el trópico cálido húmedo, característica que dura todo el año, recordé que los espacios interiores de la etnia Guajira no tienen piso, dejan entrar el suelo, de hecho su casa está repartida en el territorio y sus límites son hasta donde les alcanza la mirada. Uno de sus espacios es solo un techo vegetal (enramada), donde pasan o se hallan casi todo el día... Aquí esa arquitectura sin imagen, quizás esté construida como una intermediación que nos permita continuar con en presencia del afuera, sin desligarnos de él, como un recordatorio constante de donde venimos y hacia donde vamos...

Gracias por dejarme pensando...