20 de julio de 2020

ME GUSTA CORBUSIER


Qué le vamos a hacer. Me gusta Corbusier. Hasta sin el "Le". Incluso me uniría a una manifestación a su favor si hiciese falta. Pero hoy, ¿a quién le importa? En al zoo de la arquitectura, volcado en debatir políticas de unicornio, con una ambición desmesurada y hueca por orientar la opinión hacia la novedad fosforescente o apastelada, la arquitectura de ese tal Corbusier apenas interesa. 
Hablar de aquellas obras de hormigón brutal, de rampas y luces parece que es evocar la bicha de la nostalgia. Sin embargo el empeño adánico de construir la arquitectura sin las raíces que brinda Le Corbusier, aunque sea algo malentendido (o Letarouilly, tanto da) es mucho peor. Porque representa la arquitectura como una disciplina que depende de la pura inspiración antes que del oficio inspirado. Se bien que hablar de Le Corbusier parece elitista. Pero la palabra, por muy peligrosa que parezca significa algo sencillo: significa que hay cosas mejores que otras. Y que su obra es mejor que la de muchos jovenzuelos y escurridizos duendecillos. Quizás decir que a uno le gusta Le Corbusier, incluso con sus faltas de ortografía, resulte un plañidero acto conmemorativo. Pero ha llegado un punto donde no hacerlo suena a feroz resentimiento. Y no hacia Le Corbusier, sino a hacia la arquitectura y su mundo de complejidades y frustraciones. 
De Le Corbusier se puede aprender mucho, insisto, incluso su dantesca actitud de “ser un partido de uno”. Un partido por el que merece la pena manifestarse. Y hasta afiliarse.

6 comentarios:

pere fuertes dijo...

pues sí Santiago, vale la pena -y mucho- reivindicarlo como lo que es, una trayectoria convulsa, llena de aciertos y contradicciones, que recorre -por no decir, traza- la arquitectura del siglo XX de una manera muy inspiradora. fiel a sí mismo y en constante cambio. una reivindicación de la arquitectura misma.

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias por tu lectura, Pere. Efectivamente se trata de un personaje con sus claroscuros, pero su obra es, efectivamente, una reivindicación necesaria. Un abrazo!

enrique larrañaga dijo...

En efecto, se puede (quizá se debe) separar la obra del creador
Hacerlo creo ayuda a apreciar mejor a cada uno
Cada sombra del personaje puede enseñar una nueva luz de la obra
Y quizá viceversa

Santiago de Molina dijo...

Muy de acuerdo contigo, Enrique. Un abrazo y gracias por tu lectura!

Unknown dijo...

A mi también me gusta Le Corbusier. Es curioso, en una entrevista de trabajo me preguntaron por tres arquitectos que admiraba, la verdad es que me tomó por sorpresa porque nunca me habían preguntado eso, sin embargo enumere mi pequeña lista y en ella estaba el maestro, porque para mi, Le Corbusier es lo más top, o por lo menos eso me lo pareció a mi siempre en las 10 historias de la arquitectura que vi en la universidad. El comentario que vino después me dejo un poco desubicada haciendo referencia a que yo era casi una anticuada. Pues, que puedo decir me gusta lo clásico.

Santiago de Molina dijo...

Pues demuestra un innegable gusto por lo clásico que no debiera ser despreciado en ninguna entrevista. En los estudios donde no gusta Le Corbusier, mejor no trabajar. Gracias por tu comentario y por compartir tu vivencia.
Saludos