12 de marzo de 2018

LA CASA SIN INTIMIDAD HACIA LA QUE CAMINAMOS


La casa trasparente de Mies constituye una imagen premonitoria de nuestro futuro. Hoy, gota a gota, con un delicado e imperceptible desangrarse, entregamos cada día datos de nuestra intimidad en el mundo intangible de las redes. Hoy los muros que nos rodeaban se acercan a aquellas paredes sin sombra de la casa Farnsworth.
La casa no escapa a la creciente recolección de microdatos que perfilan nuestras costumbres. Y con ellos nuestro más íntimo ser. Grandes ordeñadores de información sin cara ni nombre, gracias a nuestros hábitos con el termostato, a la frecuencia con que reponemos la nevera, a la exponencial exactitud de geolocalización que brindan los móviles que van en nuestros bolsillos, gracias a los horarios y títulos de nuestras series de televisión, sabrán, sin habérselo cedido explícitamente, la distribución y uso de cada uno de los espacios de nuestras casas; si hacemos la cama o la deshacemos, si llevamos una vida sedentaria o saludable, y hasta nuestros gustos menos conscientes.
Lo cierto es que la incesante recolección de datos nos hace pasar progresivamente de habitantes a clientes. El vaciamiento de la casa en cuanto a su capacidad de recoger y resguardar nuestra intimidad es imparable. Nuestros hogares pierden su capacidad de ser espacios de protección para ser escaparates. De hogar a mercado.
Sin embargo, sabemos que el mercado y la intimidad se guían por tensiones contradictorias. La intimidad requiere de una necesaria infraexposición para garantizar una verdadera libertad. Pero ni las leyes, ni nosotros mismos nos protegen de regalar pedazos de autonomía a cambio de los microgramos de dopamina que proveen las redes sociales con cada “like”. Los hogares “cookizados” dejan de serlo. Peor, no late en nosotros el miedo a un ojo que todo lo ve, sino tan solo la consciencia de una inocua y creciente capacidad para coser esos datos, y a nosotros con ellos, ofreciendo, ya no un retrato robot, sino un perfil de ventas personalizado y único. Ese perfil tal vez sea lo que queda del habitante. Es decir, nuestra personalidad privada de la libertad de elegir.
No sentimos la amenaza de la brutal pérdida de libertades que el internet de las cosas y los datos lleva aparejado, ni cuánto este fenómeno sitúa a la casa como su centro de operaciones predilecto. Aunque, si la casa era la última frontera infranqueable, desde que apareció la posibilidad de comprarlo todo sin poner un pie fuera del felpudo de nuestros hogares - fueran libros, comida o masajes, y de conocer nuestros deseos y costumbres - era cuestión de tiempo que nuestro hogar se viese reducido a una mera protección climática y a una inversión inmobiliaria. ¿De qué nos extrañamos entonces?
Aun así, ¿qué será de nuestras casas cuando dejen de ser un lugar de ensoñación? ¿Podremos soportar que sean lugares sin privacidad? ¿Acaso es esa su esencia?, o por el contrario, ¿Seremos capaces de reformular un nuevo concepto de intimidad y reclamar que la casa sea un lugar de sombra donde pueda germinar un nuevo concepto de protección ajeno al mercado?

9 comentarios:

José Miguel León dijo...

Mi reconocimiento, desde Logroño, por este nuevo e interesante artículo de "múltiples estrategias de arquitectura" que sigo desde hace poco tiempo y que ha coincidido con la publicación de uno que he escrito yo "del abrigo a la casa: del fuego al hogar" en "laciudadvisitada.blogspot". Sin comparación. Enhorabuena.

Santiago de Molina dijo...

Gracias por tu lectura y por tu interesante texto, José Miguel.
Saludos

ramirogonzalez dijo...

Realmente ha sido la casa un lugar, donde además de abrigo sus propietarios se recogen. Acaso no ha sido más bien un espacio de encuentro. Íntimo, pero encuentro. Con aquellas personas que por su proximidad merecemos invitar a casa, sea transparente o no. No todos tienen la suerte de poder acceder a una casa con éstas características, sin embargo es un gran ejemplo de la arquitectura que puede ser, pero no sé hace. Por qué? Quizá porque no todo el mundo quiere vivir en una casa. Talvez porque prefieren otros espacios, o aprendieron a convivir de forma diferente con el espacio. De tal forma que no es importante la especialidad que les rodea, sino la especialidad que construyen en su interior.

Federico García Barba dijo...

Hay algunos que ya se han dado cuenta de este fenómeno que nos amenaza y ya proyectan la casa que se cierra sobre sí misma. Como he intentado explicar aquí:

http://arquiscopio.com/arquitecturas-transparentes/

Santiago de Molina dijo...

Ramiro, gracias, ante todo, por tu comentario y tu lectura. Creo que a la casa como espacio de encuentro le debemos una reflexión que habrá que hacer en algún momento. Saludos

Santiago de Molina dijo...

Federico, Muchas gracias por tu lectura y por la referencia a tu texto. No lo conocía y me ha parecido muy interesante. Los ejemplos que pones son, además, elocuentes.
Conocía el puente museo pero no los otros dos casos, y son verdaderamente utiles a la hora de hablar de trasparencia y reflejos. El pabellón Audí sería del agrado de Jean Nouvel.
Un saludo y gracias de nuevo.

Luis Mesejo dijo...

muy interesante reflexión... Pero discrepo a favor de internet. Si comparamos internet con la television, el artefacto al que le hemos reservado durante años un sitio en nuestro salón, internet resulta sin duda liberador, sobretodo si el que lo utiliza conoce lo que está utilizando. Siempre tuvimos la opción de no comprar el periódico, de no tener televisión, y tenemos la opción de no contratar internet en nuestras casas. Pero de todas estos servicios no cabe la menor duda de que el más liberador para los ciudadanos es internet. Como ocurre con todo artefacto potente, resulta atractivo para mentes perversas, y existen trampas, al igual que existen timos telefónicos, televisivos, que entran por el buzón de tu correo o que llaman a la puerta de tu casa. No perdemos más privacidad con internet de la que perdemos si tenemos tabiques de pladur, vecinos a menos de 10 metros en la ventana de enfrente, radio-patios, o incluso si vivimos en un chalet en medio del monte tendremos toda la intimidad que decidamos tener y que nuestros hogares permitan. Si quieres navegar de forma anónima y no compartir datos, puedes. Pero al no compartir ciertos datos estas siendo egoista, porque muchos de ellos pueden resultar realmente útiles para contribuir a mejorar el planeta, si se trata de datos de rendimiento energético de tu hogar por ejemplo. Otros pueden contribuir a que recibas publicidad dirigida a ti, en lugar de publicidad genérica a cualquiera, y la verdad, a veces me he encontrado agradeciendo un anuncio porque a puesto a mi disposición un procucto de segunda mano que me hubiese resultado imposible encontrar. Prefiero eso que pensar que desperdicio de papel al abrir mi buzón de correo y tirar la publicidad sin apenas leerla todos los días. Si internet nos molestase, no lo utilizaríamos, porque es una elección que tenemos, y lo usamos porque resulta increiblemente util, tenemos que seguir aprendiendo a usarlo, y entender para que nos beneficia y para que nos perjudica, pero en mi opinión es lo mejor que le ha pasado a la humanidad desde la imprenta. Y la restricción de libertad, la publicidad invasiva o cualquiera de las otras amenazas son mucho más antiguas que internet, y que la televisión, y por desgracia tiene pinta que no nos vamos a librar de ellas facilmente, mucho menos si pensamos que su causa es, quizás, nuestra mejor herramienta para luchar contra ellas

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias por tu razonable desacuerdo, Luis.
Es un tema verdaderamente problemático y veremos en el futuro si es o no invasiva la tecnología.
Un saludo cordial

Luis Mesejo dijo...

Muchas gracias a ti, Santiago. Con afán de continuar con el debate, vuelvo a discrepar...

La Tecnología en si difícilmente puede ser invasiva, ¿qué tecnología? es determinada aplicación o uso de determinada tecnología lo que puede resultar invasivo. De hecho está resultando invasivo en el presente ya, no hace falta esperar al futuro. Pero son personas, los invasores, no máquinas.

Si alguien utiliza un martillo para golpear no es el martillo lo que resulta violento. Si alguién utiliza una radiografía para abrir la puerta de tu casa y robar, no es la radiografía la culpable del hurto. Son determinadas personas o grupos de ellas las que utilizan determinadas tecnologías para invadir la privacidad, en el presente, en el pasado, en el pasado lejano, y probablemente por desgracia también en el futuro.

Utilizar tecnología para invadir es algo que hace el ser humano desde que es ser humano. Gracias a dios, también utiliza la misma tecnología para otras cosas, al igual que la tecnología a la que entiendo te refieres, que de hecho, es utilizada tanto para proteger la privacidad como para invadirla.

En el caso que nos atañe, no tiene sentido centrar la atención en la tecnología sino en los que la utilizan. Por ahora... Porque tal y como avanzan las cosas parece que determinadas tecnologías tienen capacidad de decidir, sin embargo eso no creo que nunca llegue a ocurrir, los que deciden una vez más son los creadores de la tecnología y los que la utilizan. Es como cuando alguién decide utilizar determinada tecnología para colocar minas antipersonas en el camino, cuando las minas matan a personas, no son las minas los autores del crimen, sino las personas que las colocaron allí.

Esto no es nuevo tampoco, es más viejo que el diablo, cuando se comercializan los primeros coches, ocurren accidentes y por su puesto que hay debate en cuanto a culpar al vehiculo o al conductor. Claro que ahora parece que los vehiculos empiezan a circular sin conductor, pero han sido diseñados para ellos por alguién que debe asumir la responsabilidad. Al igual que un arquitecto asume la responsabilidad de sus edificios. Si un arquitecto diseña una casa con las paredes de cristal, como la farnsworth, y alguién dedide usarla sin cortinas, no podemos concluir que la arquitectura nos priva de intimidad. Y esto tampoco es nuevo, habitaciones medievales con agujeros secretos por los que mirar sin ser visto, eso si que es una violación de la intimidad, porque al fin y al cabo la casa farnsworth es explicitamente expuesta, no viola la intimidad de nadie, sino que alguien acepta exponerse cuando decide habitarla, sin embargo otros recursos constructivos deliberadamente proyectados para el engaño y la perversión podrían resultar un simil más cercano a lo que estamos viviendo ahora, aunque la verdad es que visto así, antes era mucho peor.

Saludos!