28 de noviembre de 2011

SIMPLIFICAR

Simplificar es un trabajo poco valorado por el ordinario de la gente, que siempre ha preferido lo recargado y el exceso. Quizás todo se deba a la existencia de un profundo resorte que identifica el lujo y la trabajosa complicación manual. El esfuerzo intelectual que acarrea el hecho de simplificar, no obstante, apenas ha gozado del prestigio de lo fastuoso hasta la aparición del lujo obsceno de lo “minimal”.
(...)

Puedes encontrar más sobre este tema en el libro: Hambre de Arquitectura

5 comentarios:

Isma dijo...

Duele...pero da risa.

SANTIAGO DE MOLINA dijo...

claro que sí, Isma. Pero eso parece que es al final...

Gracias!!

Andrés dijo...

La verdadera pregunta es: uno acaba en algo más simple como simplificación de algo que previamente hizo demasiado complicado, o (al contrario) ¿se puede tener la capacidad desde un comienzo para pensar "simple"? Puesto de otra manera: Nefertiti, ¿fue siempre calva, o tuvo alguna vez una larga cabellera? Un abrazo, A.

SANTIAGO DE MOLINA dijo...

Es un buen asunto. Supongo que hay quién piensa sencillo, aunque para llegar a una forma sencilla haya que pasar primero por lo complejo...

Si pensamos en la aparente sencillez de las grandes fórmulas de la física, pongamos por caso, son en su gestación un auténtico parto... que pasan por varios instantes de complejidad absoluta...

Seguramente porque tienen que partir de formulaciones anteriores dadas por supuestas, de otros caminos y de otras demostraciones o desarrollos matemáticos aun en prueba... es decir, asumiendo la complejidad del asunto que tienen entre manos.

Pensar sencillo, a pesar de todo, parece una actitud, no?.

Abrazos y gracias!

Andrés dijo...

Pues sí: supongo que el verdadero mérito es tener un bagaje de "pensamiento complejo" en la mochila que le permita a uno plantear desde muy al inicio las cosas de forma sencilla. ¡Hasta pronto! Andrés.