14 de marzo de 2011

PEGAMENTO ARQUITECTÓNICO


Puestos a comunicar dos puntos a diferente cota, uno de los mayores inventos de arquitectura es el ascensor. A él debemos Chicago, Benidorm y la arquitectura híbrida.
El invento real del ascensor, para el no familiarizado con las películas americanas de elásticos ladrones y musculosos espías, no está en la consabida capacidad de esas cajas para pasar de una planta a otra, sino en evitar que una vez que se cortan los cables que las sostienen, no se precipiten al vacío de modo imparable. Es en la magia de un sistema de frenado donde se encuentra el nacimiento real del ascensor, y así se encargó de mostrarlo su inventor, Elisha Otis, hacha en mano, a los transeúntes de las ferias de inventos de mediados del siglo XIX.
Sobre el ascensor, Koolhaas ha puesto de manifiesto que se trata del pegamento arquitectónico por antonomasia. El ascensor eliminaba la necesidad de relación entre plantas. “el ascensor genera la primera estética basada en la ausencia de articulación”. Si bien la transición entre puntos separados en el espacio siempre fue sentida por el arquitecto como un hecho ineludible, y disponía para ello de costosos mecanismos formales, el ascensor dilapidaba esa necesidad. ¿Acaso era posible soñar una transición entre espacios separados cientos de metros en altura?. Aunque enfocado por el lado positivo, eso hizo posible poder colocar una piscina en la planta veintidós, un restaurante en la doce y unos apartamentos el la cincuenta. Es decir, la torre. Y la palabra `colocar´ es la correcta.
El ascensor desplaza en vertical y en el tiempo, de un modo semejante a como, en horizontal, lo hace el transporte suburbano. Todo ascensor es una caja de sorpresas. Y como tales, en ellos encontramos siempre algo inesperado: un vecino, un vaho, una conversación meteorológica o el espacio siempre pequeño para un mueble.
Aunque entonces, disimuladamente, siempre sale la escalera a nuestro auxilio.

7 comentarios:

Jack Babiloni dijo...

Refrescantes argumentaciones como en ti son habituales, querido Santiago, para ir más allá de lo aparentemente utilitario.

Me permito anexarte una observación no exenta de nostalgia: si bien el ascensor erradicó la necesidad de interarticulación espacial, también lo hizo con la muy gozosa sensación deambulante que proporciona{ba}n escaleras y rampas.

Enhorabuena siempre, amigo, y feliz semana.

SANTIAGO DE MOLINA dijo...

Igualmente, Jack. Gracias por tu comentario nostálgico sobre las escaleras y rampas y su capacidad de hacernos deambular.
abrazos!

Anónimo dijo...

Viajar desde un punto a otro SIN APENAS UTILIZAR EL CUERPO mientras te acompañan desconocidas soledades que miran por no tener otra cosa que hacer. Suena a autobús urbano número 33.


Gracias por sus artículos tan interesantes y amenos, siempre dando algo que pensar.

Saludos!

SANTIAGO DE MOLINA dijo...

Gracias por tu amabilidad y tu comentario!
Saludos!

Isma dijo...

yo creo que su rapidez es directamente proporcional al desarraigo espacial que produce.

Andrés dijo...

Sí: efectivamente RKoolhaas es quien mejor ha explicado la transformación que supuso el ascensor en la forma arquitectónica; la parte de "Delirious NY" en que argumenta cómo esto provocó la extrusión como método de generación de la forma del edificio me parece que no tiene igual en los libros de historia de la arquitectura. UFA (Un Fuerte Abrazo). Andrés-

SANTIAGO DE MOLINA dijo...

Gracias por el comentario y el invento acróstico del UFA!. Igualmente