15 de febrero de 2016

SALIR


Tan importante como entrar bien en la arquitectura está el buen salir. Cuando se sale por la puerta de un edificio, es la arquitectura misma quien se despide de nosotros.
Las puertas se despiden por su reverso con una cortesía que desborda en muchas ocasiones la que tenemos los hombres entre nosotros mismos. Enfrentados al contraluz del exterior, dejamos nuestra sombra de espaldas, como si esa parte intangible fuese la última en salir del edificio, un poco desfasada de nuestro cuerpo que ya avanza hacia el exterior. Por eso las puertas son siempre diferentes en su envés, porque en el interior de la arquitectura dejamos algo nuestro, (igual que algo recibimos de ella), en un intercambio recíproco e inconcluso que nos transforma siquiera levemente a ambos.
Verdaderamente, entre el acto de entrar y el de salir atravesando la arquitectura, ya no somos los mismos. Lo allí vivido nos ocupa y es en la suma de esas mínimas cesiones mutuas donde se fabrica cada habitante y donde la arquitectura se vuelve intemporal. Es en el acto de salir cuando se completan esos ciclos infinitesimales. No hace falta entonces ya ver los primorosos detalles de la puerta que nos recibió. Al salir no cabe ya entretenerse más de la cuenta sino tan solo salir a buen ritmo. Presto.
Las puertas son las encargadas de cerrarse tras nuestro último paso. Fuera existe un “dromos” invisible hasta la próxima edificación. (Porque todas las obras de arquitectura están conectadas por un invisible y maravilloso cordón umbilical de entradas y salidas). La arquitectura mira entonces de espaldas y en silencio. El habitante mira al frente. Todo sigue igual pero no todo es igual.
En el futuro alguien debiera verificar la ley de la entrada y salida de las puertas - tan diferente de la ley de las puertas giratorias y de la ley de las alternativas puertas abiertas - y que sostendría que el número de veces que se entra y se sale por ellas en la vida es siempre impar. Como aquella ley útil para encontrar la salida de los laberintos. Igualmente debería enunciarse una ley del buen salir.
Mientras, benditas puertas que como navajas multiusos separan el dentro y el afuera y simbolizan un antes y un después en casi todo. En el envés de cada puerta está el pasado, de frente se extienden nuevas puertas por venir.

12 comentarios:

Néstor Casanova Berna dijo...

Realmente excelente. Esta vez has superado tus propias marcas. En textos así se me hace sospechar que hay un delizamiento muy entendible entre la arquitectura y su teoría hacia una teoría del habitar la arquitectura, que es lo que ahora a mí me ocupa obsesivamente.
Saludos cordiales desde Uruguay

Carlos Miguel dijo...

Excelente artículo. La arquitectura que tiene sus cimientos sobre las matematicas, los calculos, la armonia y el orden; encuentra en este poético articulo el camino a seguir, que no es otro que el de cuidar de todos los detalles que afectactan a los habitantes; desde la entrada hasta la salida e incluso mas allá.

Abner J Colmenares G dijo...

La pluma de Santiago de Molina, eleva la crítica de la arquitectura a un nivel poético, en el borde de lo filosófico, esta pieza sobre la dimensión de “SALIR” en la arquitectura explora magistralmente la dialéctica de lo fuera y de lo dentro, situándose en la tradición de la fenomenología. Su texto no tiene desperdicio, cada palabra suma a evocar la experiencia de vivir el momento de traspasar y dejar atrás una obra de arquitectura.

Patricia fernandez haring dijo...

Que Buen SALIR!!!!

Un beso fuerte

Santiago de Molina dijo...

Gracias Néstor!. Que más quisiera uno acercarse a una teoría del habitar. Son puertas, sin más.
Un cordial saludo!

Santiago de Molina dijo...

Carlos, muchas gracias por añadir incluso ese necesario más allá!. Un saludo cordial.

Santiago de Molina dijo...

Estimado Abner. Gracias por tu análisis y por leerlo con esa generosidad. Un saludo cordial.

Santiago de Molina dijo...

Querida Patricia, "Salir", en el mejor de los casos es un hasta pronto!!!. Un abrazo y GRACIAS!!!

Javier González-Adalid dijo...

Santiago, qué buena reflexión. Comento este en particular, pero ninguno de tus textos me ha dejado indiferente. Gracias por tu aportación, abrazos

pere fuertes dijo...

Gracias de nuevo por tus observaciones Santiago. El texto me ha devuelto la experiencia del Unity Temple de Wright. Toda la ceremonia con la que se accede a la iglesia desde el vestíbulo, con sus filtros, cambios de dirección y vistas fugaces de la sala contrasta vivamente con el "main exit down" con el que los planos señalan la salida; unas portezuelas discretamente integradas en el paramento nos devuelven en unos pocos escalones al vestíbulo (algo realmente dificil de detectar en la planta y que otorga un papel relevante a la visita). La ceremonia también sabe diferenciar entre la llegada y la partida. Un placer haberte conocido en la escuela del Vallés.

Santiago de Molina dijo...

Gracias Pere, y gracias por compartir tu experiencia unitaria de Wright!.

Para mi también fue un placer conocerte en la Escuela de Vallés. Un abrazo!

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias, por tu lectura y tu comentario, Javier!. Un abrazo