24 de agosto de 2015

SOBRE LO FEO EN ARQUITECTURA...


“¿Qué tenía aquella obra que por muy fea y fracasada que era no permitía reírse de ella, ni de su arquitecto?”. Esta pregunta, formulada por un amigo italiano de José Antonio Coderch cuando la visitaban juntos, no deja de contener una dosis de optimismo y un tormento. Algo había quedado del esfuerzo de quienes hicieron aquel edificio, también del arquitecto, que hacía que aquello, por muy feo que resultase, no pudiese sino mirarse con cierto respeto. La obra era fea, quizás insignificante, pero no risible. El único motivo que encontraba Coderch para esta falta de ridículo estaba en que el trabajo acumulado y el esfuerzo habían quedado arraigados, misteriosa e inexplicablemente, en las paredes de lo edificado.
(...) 

Puedes encontrar más sobre este tema en el libro: Hambre de Arquitectura

4 comentarios:

Carlos Fdz. Rovira dijo...

Me ha recordado el artículo de X. Monteys sobre los "sitios feos" http://habitar.upc.edu/2011/08/31/aprovechamos-bien-los-sitios-feos/

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias por la referencia, Carlos. No la conocía. Un saludo afectuoso

Iago López dijo...

Sólo por el esfuerzo y el dinero invertido en cualquier construcción resulta frívolo reírse. Los ejemplos de autoconstrucción –como el que ilustra la entrada- me parecen de lo más respetable y como mucho provocan una sonrisa entrañable y es en cambio la fealdad diseñada de tantos edificios “de autor” la que da más ganas de llorar que de reír.

Santiago de Molina dijo...

Exactamente, Iago. Muchas gracias por tu comentario y un saludo!