3 de diciembre de 2012

CON SUS PROPIAS MANOS


De espaldas a la imagen, sin voluntad de pose, las dos imágenes son el simple y vacío testimonio de un hecho antiguo y orgánico. Es el reflejo de un pensamiento compartido, leve y casi animal, que poseen algunas especies acerca del colocar las cosas para construir, sean nidos o madrigueras. 
En la imagen se percibe el costoso esfuerzo para recoger un ladrillo. Contemplar el muro ya erguido y percibirlo en su totalidad, con su longitud y trabazón. Buscar el acomodo preciso para ese peso frío y concentrado en una mano, mientras la otra permanece resguardada, una mañana de obra. 
Un pensar directo, sin intermediarios. Y una pieza de barro a la espera de ser vivificada. Cobijado bajo un abrigo negro y un sombrero, Sigurd Lewerentz, parece demasiado elegante para la suciedad del cemento y el barro de una obra.
Un viejo arquitecto en una obra. Nada heroico ni digno de honores. Ninguna mitología. Ningún romanticismo. Solo la naturalidad de levantar arquitectura con las propias manos. Ni más. Ni menos.

4 comentarios:

Javier González-Adalid dijo...

Hola Santiago, quiero aprovechar que se pone de manifiesto la poética latente en el proceso de construcción, para destacar un, a mi juicio, fantástico documental del escultor (y también podemos decir constructor)Andy Goldsworthy: Rivers and Tides, muy recomendable.

Saludos y gracias por los estupendos textos,

Javier GA

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias por la referencia, Javier!!.
Y gracias a ti por tu comentario
Un saludo

ChusdB dijo...

Pero asi somos... ¿Tu no lo has hecho alguna vez?

Santiago de Molina dijo...

Claro, ChusdB!!
Saludos