15 de octubre de 2012

PUERTAS IRREVERSIBLES

Existen, aunque sea contrario al espíritu de la puerta, puertas de entrada, y también de salida. Pero irreversiblemente.
Esta, que tal vez sea una de las observaciones más paradójicas que ofrece la arquitectura, también es de las más nimias y ordinarias. Se pueden encontrar cada día millares de estas puertas especializadas en dejar entrar, pero no salir, en tiendas, superficies comerciales y bancos, y todas sin un ápice de interés. A pesar de su extravagancia, pasamos por ellas sin ningún estupor, (salvo de llevar escondidos los frutos de un saqueo). Y sin embargo no puede negarse que se trata de puertas terribles. Puertas-ojo y cancelas que filtran y dirigen nuestros pasos sin ningún signo de bondad. 
Los situacionistas soñaron puertas irreversibles. Dados al juego y a lo transitorio, imaginaron una ciudad lúdica e inestable, cuyas localizaciones y urbanismo serían tan volátiles, que al volver a cada hogar no sería posible saber si era el propio, a falta de referencias que permitiesen identificarlo como tal. Así la misma idea de casa, y principalmente la de la puerta como mecanismo de entrada y salida confiable, quedaban en entredicho. 
Puestos a precisar, no hay mejor puerta de entrada, y solo entrada, que la del laberinto. El laberinto es la puerta de un solo sentido por antonomasia ya que en su interior solo cabe la muerte y no la salida.  Ni siquiera dando muerte de su habitante maldito, minotauro, se permite a nadie escapar de esa cárcel.
Si no se dedican el mismo entusiasmo a las puertas de salida es porque su historia carece de la misma poesía, ni de sus mismos gloriosos antecedentes que las de entrada. Piénsese en las despreciadas salidas de emergencias y otros lugares irrevocables y solo preventivos, la ordinariez de sus mecanismos, su grosera y sospechosa apertura, sus luces compañeras, tenues y mortecinas... 
De hecho, Teseo acabó con el laberinto y sus secretos por medio de la ruin salida de emergencia que fue el hilo de Ariadna. De ese tramposo modo se acaba todo arquetipo, de bruces, en una calle siempre inesperada y oscura. 
Para pensar una puerta irreversible, mejor creer que de los laberintos, noble y peligrosamente, solo se sale volando, como Ícaro. Porque toda puerta irreversible debe tener una inesperada y digna salida.
Como todo ser humano, ahora que lo pienso.

2 comentarios:

Carlos de Rosario dijo...

es extraño, pero hoy me pasó algo inpensado en mi ciudad, regida por una estricta cuadrícula...en medio de la lluvia, entré con el auto en un barrio que, para ser breve, es algo así como un par de rombos girados 45° de la trama, con calles radiales y todo...y me perdí como nunca en mi vida...o sea, salí, pero exactamente hacia el otro lado del que yo, ingenuamente, pensaba que me dirigía...y me di cuenta al rato...sorpresas en una ciudad cuadriculada...

Santiago de Molina dijo...

Carlos,

Efectivamente la retícula, como por otro lado señalaba algún maravilloso escritor con el desierto, son laberintos perfectos, puertas irreversibles.

Puede que por ello las grandes superficies comerciales se organicen en cuadrículas inreferenciadas. Para que no salga de allí nadie.

Un saludo y gracias por compartir tu experiencia.