12 de junio de 2017

ORNAMENTO Y FEMINISMO




Cuando Adolf Loos identificó Ornamento y Delito, tal vez no fuese consciente de que muchos años después su simple título podía ser considerado machista hasta el desencanto y la repulsa. 
Durante las últimas décadas el feminismo ha tratado de poner en la agenda un debate donde la identificación entre el ornamento y lo femenino, y entre la estructura y cierta masculinidad, han sido signos de una dicotomía profunda y conflictiva que aun pervive injustamente en la arquitectura de nuestro tiempo. (A la vez que indirectamente ha puesto de nuevo el foco en el tema del significado de la arquitectura y la posibilidad de psicoanalizar los supuestos ideológicos sobre los que se asienta). 
¿Acaso no es la arquitectura fruto del trasfondo social de su época? ¿Se está perpetrando hoy en día una arquitectura machista de manera consciente o inconsciente? ¿Es posible una arquitectura feminista o sólo es verosímil una postura feminista ante las insoportables desigualdades laborales que se producen en esta profesión? 
Aun a pesar de que Alberti en su De Re Aedificatoria dijera que “la columna es el principal ornamento de la arquitectura”, la tratadística identificó desde sus inicios el orden corintio como más grácil y femenino que el dórico. La falta de ornamento del dórico hacía alusión a su masculinidad y resistencia. Por eso el empleo de los diferentes órdenes buscaba correspondencia, aun con sus excepciones, con la deidad a quien estuviese dedicado el templo. 
Hoy, esa vieja disputa parece rescatarse, trasformada, en la actual y justa vindicación feminista salvo por un pequeño rebajamiento del discurso- que ahora ve en la decoración y en el gusto por las interioridades su campo ideológico de batalla - y por un pequeño detalle: que esa diferenciación puede ser profundamente machista porque esconde una ideología del "lo uno o lo otro". 
Tal vez Louis I. Khan estaba más cerca de entender el principio más profundo del rasgo de lo femenino de la arquitectura cuando dijo que “la junta es el comienzo del ornamento”, porque todo principio de conexión si está arraigado en una mentalidad femenina. La junta, sea material o programática es un acto de mayor trascendencia para esta reivindicación, porque asienta sus bases en la articulación por encima del problema de la escala que lleva aparejada la decoración. Porque la decoración, para ser eficaz, trabaja en lo pequeño y por ello se constriñe, limita y autocensura. 
Con todo, no es un tema sencillo ni resuelto. Y viene a la mente el ejemplo del Erecteion y sus cariátides como muestra de su prorrogada dificultad: machismo y feminismo simultáneo e indisociable, que representa como ningún otro la imposibilidad de hacer que la arquitectura sitúe ninguna batalla de género como centro de su campo de acción, salvo de maneras levemente insinuadas, freudianas, o desde el puro chiste. ¿Acaso no eran decoración esas columnas que representaban el sometimiento de la mujer y su esclavitud y a la vez un signo de estructura y resistencia? 
Hoy este debate parece tan ineludible y necesario como tal vez improductivo para la arquitectura. Pero no para las personas que ejercen esta profesión.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

De verdad las cariátides significan sometimiento y esclavitud? Entonces Sansón cegado y encadenado, que significa? Y Prometeo? Y Lacoonte? Por qué nunca hubo un dios de la Victoria, si no una diosa? O un Minervo, dios de la sabiduría? No se nos estará yendo la olla (ó el ollo) con esto del feminismo?

Santiago de Molina dijo...

Tal vez, tal vez...
Vitrubio en "De architectura", capítulo I, dice algo al respecto...
"A menos que esté familiarizado con la Historia, (el arquitecto) será incapaz de justificar el uso de aquellos ornamentos que tenga ocasión de introducir. Si, por ejemplo, en vez de columnas se colocan estatuas de mármol de mujeres vestidas con estola — que se llaman cariátides— y si superpone modillones y cornisas, deberá saber dar explicaciones a quienes pregunten; veamos: Caria, ciudad del Peloponeso, conspiró contra los griegos con ayuda de los persas, enemigos de los griegos. Posteriormente estos, como respuesta a su traición, y al verse libres de los persas tras una gloriosa victoria, de común acuerdo declararon la guerra a los habitantes de Caria. Una vez conquistada la ciudad y pasados a cuchillo sus habitantes, se llevaron como esclavas a sus matronas. Para que estas circunstancias fuesen mejor recordadas, y la naturaleza de su triunfo perpetuada, los vencedores las representaron con sus túnicas, aparentemente sufriendo por el peso de la carga asignada, como expiación del crimen de su ciudad natal. Así, en sus edificios, los arquitectos antiguos, mediante el uso de estatuas, legaron a la posteridad un memorial del crimen de los carios."
Gracias por el comentario y saludos

Anónimo dijo...

Con tanto atlante (macho) sosteniendo balcones y cornisas para toda la eternidad no encuentro yo machismo en las Cariátides. Machistas eran los baños de la Alhambra, por ejemplo, en los que el reyezuelo de turno espiaba sin ser visto a su haren/rebaño.

Santiago de Molina dijo...

Tampoco yo lo veo. Ni machismo ni feminismo. Creo que ese debate a la arquitectura no le afecta. No así las condiciones en las que trabajamos en esta profesión. Saludos y gracias

Ana Asensio dijo...

"No se nos estará yendo la olla con esto del feminismo?". Siempre me sorprendo de leer este tipo de asombros y quejas por parte de los chicos (que aunque escribes como anónimo, me aventuraré a imaginar).
Lo que se nos ha ido la olla muy mucho ha sido con esto del machismo. Me sorprende la falta de paciencia masculina cada vez que alguien se hace preguntas, cuestiona o abre debates relacionados con la situación de la mujer. Difícil avanzar, difícil ver más allá del costumbrismo.

Ana Asensio dijo...

Lo que a mí me produce sentimientos encontrados es la premisa con la que comienza, entre ornamento femenino y estructura masculina.

Santiago de Molina dijo...

Es una premisa que se puede y debe discutir. Muchas gracias por tus comentarios, Ana.

Javier dijo...

El ornamento ha sido muy dura y superficialmente criticado durante este último siglo, cuando por otra parte ha sido un elemento siempre ligado a la arquitectura (con miles de años de historia). En cambio se ha admitido ocurrencias como la traslación directa de conceptos filosóficos a la arquitectura (Derrida, etc). Es bueno reabrir este debate y aprender de artes como la pintura en donde la aparición de la vanguardias no supuso una ruptura irreconciliable con su propia tradición (la aparición de la abstracción nunca llevó a la total desaparición de la figuración).

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias por tu perspicaz comentario, Javier.
Un saludo cordial

Javier dijo...

Gracias a ti por tu blog, es buenísimo.