11 de noviembre de 2013

LA AMENAZA OCULTA DE LOS OBJETOS


¿Por qué resulta tan inquietante la imagen de Peter Menzel?. ¿Por la intemperie?, ¿Por el exceso?. Tal vez, también, porque la mera exhibición de los objetos al exterior deja la arquitectura como una carcasa vacía.
Curiosamente el estuche de la casa occidental es desde hace tiempo la funda de esos muebles y no de sus habitantes. Tanto que ni siquiera los habitantes son ya usuarios de los objetos sino que sucede más bien a la inversa: superado el empacho visual de esa exhibición, superada la incomprensible sonrisa de sus inconscientes prisioneros, cada objeto reclama un cuerpo del que nutrirse. Los electrodomésticos con sus mandos a la altura precisa, la blandura de los juguetes de colores infantiles, las resplandecientes y entalladas bicicletas, todo se comporta como un molde, no solo funcional sino métrico, de esos seres felices. 
La acumulación tal vez sea el último reducto del habitar moderno. Y por eso puede que la exhibición a la intemperie del mobiliario sea tan poderosa. Porque significa el desahucio más de los objetos que de sus inquilinos. Mientras, la arquitectura, ajena a todo, podría dar cabida a otros moradores sin inmutarse. Como si la arquitectura no hubiese sido nunca capaz de ser, hasta el extremo, una funda precisa de seres humanos. Como si toda teoría funcionalista tuviese su verdadero rango de validez en los objetos. 
¿Por qué resulta tan inquietante la imagen?. Porque los objetos sin relación convierten todo en objeto, y no, como cabría esperar, en un fiel retrato de sus dueños.

8 comentarios:

Javier Ricardo Simón Niño dijo...

Para mí, los objetos se nos muestran impúdicos, liberados de la arquitectura que actuaba de ropaje, lo que nos convierte a los arquitectos en discípulos inconscientes de "Il Braghettone", colaboradores necesarios de una sociedad que busca más la acumulación de objetos que la sabia manipulación de los mismos.
Gracias Santiago por tus atractivas publicaciones de los Lunes

Anónimo dijo...

Arquitectura de hardware.

A una potente arquitectura de hardware le puedes incorporar el software que te interese en cada momento. A veces el hardware mas potente es el "lightware".
Arquitectura de pieles y cascos...

jvrhrs

Santiago de Molina dijo...

Gracias a ti Javier por tu seguimiento. Nos rodeamos de esos objetos, aunque tal vez sea al revés. Son los objetos los que se rodena de nosotros. Abrazos

Santiago de Molina dijo...

Gracias por el comentario jvrhrs!!
Puede contemplarse la arquitectura en esos términos de hardware y lightware. Claro que, ¿y si los objetos fuesen en realidad el hardware de la casa y la arquitectura hubiese quedado como lightware?.
Un abrazo

observer dijo...

Tal vez te guste un proyecto de Andreas Angelidakis llamado "Domesticated Mountain", muy poético, y que maneja los mismos desvelos que parecen animar tu reflexión (aunque en su caso se sirve de los envoltorios, los embalajes). De todos modos, lo que inquieta de la imagen es su desterritorialización o descontextualización de la relación sujeto / objeto, en realidad ilusorio. Yo no soy mi cuerpo orgánico únicamente, sino que mi ser incluye mis objetos. Cada uno de nosotros somos un territorio, un ensamblaje de sustancia orgánica, represnetaciones, cosas, lugares, que no son un mero escenario o atrezzo a nuestra esencia, sino su núcleo. Como bien decía Agamben, una "forma de vida" no es sólamente un cuerpo, sino todos los adminículos que median en su relación con el mundo. Soy mi cazadora, y mis vaqueros, y mi colchón, mi casa: no son accesorios, sino la sustancia de mi propio ser. Un post muy interesante, saludos!!!

Santiago de Molina dijo...

Gracias por la referencia y por el comentario, observer.
Cada vez vemos más en los objetos el afan de sustituir a los sujetos. ¿llegarán a lograrlo?, o lo que es aun más inquietante, ¿acaso no es ese el afan al que aspiramos en las sociedades occidentales?.
Gracias!
saludos

Risco dijo...

Lo inquietante de la foto, para mí, es la autoconfirmación del síndrome de Diógenes del Hombre occidental. Quizás se trate de otro tipo de basura, una forma menos consciente de aceptarla, pero lo será sólo porque colectivamente, como muestra la "incomprensible sonrisa" de sus propietarios, el Hombre sin ego ha ido aceptando la acumulación doméstica como algo natural. Tal vez hasta como muestra de poder. La generalizada carencia completa de sentido estético en una sociedad paleta ente colectivista se encarga del resto. Tras el primer sentimiento de inquietud, sólo mirar los espacios interiores de tu propia casa, en el punto diametralmente opuesto, te hace recobrar la serenidad. Yo aprecio una sonrisa mucho más inteligente en la casa, (incluso en ese tipo de casa) una vez ha sido desposeída de los objetos. Gracias por compartir todo lo que compartes, Santiago. Y gracias por haber escrito el libro.

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias, Risco!
Por tu preciso comentario, por ver en el libro algo de utilidad. Por decirlo.
Coincido contigo en ese esperanzado modo de ver ese objeto más que es la arquitectura, que permanece en un segundo plano con poco interés pero con cierta modestia.
No es poco.
Un abrazo