21 de noviembre de 2011

VACIAR

Debe existir, al igual que en la física o en la escultura, un teorema del vacío arquitectónico. Sabemos por lo cotidiano que todo vacío tiende a llenarse. Y tiende a llenarse sea o no necesario un uso concreto, -aunque sensu stricto a ese proceso debiera llamarse ocupación-. Una mudanza ocupa la habitación vacía y aun no dedicada a nada preciso. Misteriosamente allí van a parar objetos, cajas y enseres expectantes de un lugar definitivo. La arquitectura usa el vacío de un modo intermedio y provisional. Aunque contemplado con cierta minuciosidad, ese espacio vacío no es simplemente espacio de mero almacenaje...
Los escultores dedicados al trabajo sobre el vacío saben que éste se comporta como una precisa máquina de condensación. “En física el vacío se hace, no está. Estéticamente ocurre igual, el vacío es un resultado, resultado de un tratamiento, de una definición del espacio al que ha traspasado su energía una desocupación formal. Un espacio no ocupado no puede confundirse con un espacio vacío.” (1).
Y sin embargo cualquier niño sabe que lo más sabroso de una rosquilla es su agujero central, y que da sentido incluso al nombre del dulce...
El esquema del proyecto de Rem Koolhaas para el olvidado concurso de la biblioteca TGB, -por salir un instante de la sabrosa metáfora de la repostería y la escultura-, muestra de modo concreto el vacío de la arquitectura. Allí es un sólido que espera ser habitado. El vacío es, además de una singularidad, un lugar extraído del programa. Desde ese enfoque la arquitectura según Koolhaas puede trabajar no solo con el vacío como entidad material en los términos de la escultura, sino que puede configurar el vacío como extracción de funciones. El vacío de la arquitectura es fruto de la desocupación de un programa. Es decir, puede adquirir el carácter de un espacio antiprogramático. No el espacio que queda sin programa, sino el espacio que por su presencia ayuda a definir por complementariedad el auténtico programa. Desde ese enfoque eso es precisamente la arquitectura para Koolhaas: lo que queda, los restos, las sobras y los jirones del programa.
Y hay quien podrá pensar con razón: "Igual que el agujero de la rosquilla..."

(1) FULLAONDO, Juan Daniel, Oteiza y Chillida en la moderna historiografía del arte, La gran enciclopedia vasca, Bilbao, 1976, pp. 21-22

5 comentarios:

TOKI dijo...

Qué bien cazado! Creo que lo que dices sobre "El vacío como espacio anti-programático" te lo voy a "homenajear" más de una vez. interesante, si señor.

Anónimo dijo...

Originalmente, el agujero en repostería permitía hacerse mejor la masa al calor, por tanto nacía de la necesidad.
Los agujeros actuales (no todos) suelen nacer del capricho.

SANTIAGO DE MOLINA dijo...

Ibon, me alegro que te haya interesado. Y por supuesto me dejo "homenajear", claro que si, para eso estamos.

Respecto al agujero de la rosquilla y su utilidad respecto a la cocción, un comentario: curiosamente ese agujero tiene una función atribuida. Es decir, hasta una función invisible es capaz de quedarse atrapada en el vacío. O dicho de otro modo, el vacío tiende siempre a llenarse.

Gracias y saludos!!!!

bombarely dijo...

Hola a todos.
Hay una cita de Chillida, del libro de Conversaciones con Chillida, que decía que todas las cosas se hacen importantes en los bordes, cuando dejan de ser ellas mismas. Bueno, supongo que no se refería a la rosquilla, pero explica muy bien porqué nos atrae el hueco.
De todas formas, no hay que olvidar que el vacío, en arquitectura y en escultura, nos da dimensiones nuevas de la pieza, según la penetración de la luz, o según vayamos alterando los recorridos. Pasa lo mismo con el exterior. El mismo Chillida se asombraba de los efectos sonoros que hacía el oleaje dentro de sus piezas.
Me alegra haber descubierto este blog.
Si me lo permitís, me pasaré más a menudo ;-).
Un saludo a todos.

SANTIAGO DE MOLINA dijo...

Hola bombarely, Bienvenido!.

Estás en tu casa. Gracias por tu aportación.

Desde luego Chillida parece que sabía de agujeros!. Y desde luego las cosas importantes en la materia siempre parece que ocurren en los bordes.

Saludos!