20 de julio de 2015

DISFRUTAR LA ARQUITECTURA


Hay que ser muy gamberro, algo irreverente y bastante libre de prejuicios para deslizarse con esquíes por las pendientes inmaculadas de la obra del Rolex Center de los arquitectos Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa. 
Ahí tienen ustedes, a estos esquiadores ocasionales, disfrutando de esas pendientes interiores, dilapidando felizmente todo lo que de seriedad esclerotizante y mal entendida tiene la arquitectura. Ahí tienen a estos jóvenes, ejerciendo de críticos de arquitectura con mayor eficacia que la lograda por unas cuantas decenas de miles de sesudas palabras en los congresos y revistas indexadas más prestigiosas del planeta.
Resulta refrescante poder ver las posibilidades de la arquitectura, así, con algo de ingenio y sin exceso de aparato (1). 
Podría hablarse de la importancia de esa obra de Sanaa para evitar semejante herejía. Se podría argüir sobre la necesidad de las pendientes que sirven de separación entre los usos sin tabiques y no para semejante cachondeo. Se podría argumentar incluso a favor de esos esquiadores y su buena compresión de la obra en cuanto a la relación existente con el “factor lúdico” de los suelos inclinados y la función oblicua propuesta por Parent y Virilio en el siglo pasado. Se podría mencionar esa progenie de los suelos en pendiente rescatada para la arquitectura de mano de Rem Koolhaas en su influyente proyecto para la biblioteca de Jussieu. Se podría hacer una historia de los suelos en pendiente, hasta una enciclopedia, y todo sería largo y tal vez hasta tedioso... Pero, ¡ay de estos esquiadores!, que parecen decir, sin más, que la arquitectura está abierta a ser empleada como los habitantes gusten: con plena y completa libertad, incluso hasta violentarla. Y que ya la arquitectura se cuida sola, como esos animales domésticos, grandes y tranquilos, que dejan que sobre ellos se encaramen los niños sin inmutarse. Y que no se necesitan airados arquitectos guardianes, cancerberos, que espanten a los habitantes blandiendo argumentos para asustarles con el consabido “eso no se toca”, “eso no se pisa”, "eso no se hace"… 
Bendita la soledad de los edificios sin la presencia de quienes los hicieron. 

(1) Estas imágenes de Johann Watzke, Anne-Fanny Cotting & Aurélie Mindel, son parte de un proyecto sobre los usos de éste edificio promovido por EPFL y el propio Rolex Center.

7 comentarios:

utrerin dijo...

Tu entrada me ha recordado una historia que me gustaría compartir.
Acabábamos de llegar a Nápoles y salimos a dar un paseo por el centro. Era ya de noche y había empezado a lloviznar. Al llegar a la galería Umberto I, un grupo de chiquillos, que deberían haber estado ya en sus casas, jugaba un partido de fútbol disputando cada balón como si les fuera la vida. Las molduras y los negocios recibieron algún que otro golpe pero no hubo daños que lamentar.
Lejos de ser un acto vandálico, o si se quiere además de ser un acto vandálico, aquel partido era una lección de actitud respecto a la ciudad y al patrimonio.
Como siempre, gracias por el blog.

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias por compartir tu vivencia, utrerin.
Desde luego la arquitectura se aprende, también, en la calle.
Un saludo!!

Alejandro Campos Uribe dijo...

Al margen de palabras tan acertadas (como es habitual aquí), contaré yo también mi experiencia personal:

Llegué, un julio de 2013 y de vuelta de una Petite Maison, a un tal Rolex Center, muy conocido él, de unos arquitectos japoneses, muy conocidos ellos. No me hacía especial ilusión porque empiezo a dudar de algunas cosas que se ven en las revistas, pero oye, había que verlo para que "no me lo contaran".

Desgraciadamente iba acompañado, y me fui de allí enfadado con la compañía, con la ciudad, con el "center", y con los arquitectos. Nunca más he vuelto a estar en un lugar tan desagradable. Hay tantas razones para alabarlo como para criticarlo, pero la sensación fue terrible por otras que no alcanzo aún a comprender. Decía otro arquitecto, muy conocido él también:

"Sea el que fuere el significado de espacio y tiempo, el lugar y la ocasión significan más.
Porque espacio en la mente del hombre es lugar y tiempo en la mente del hombre es ocasión."


"Así que empieza con esto: haz
una bienvenida de cada puerta
una cara de cada ventana."


Pues bien. Podrá quién quiera, sea un fotógrafo o un "crítico de arquitectura" (¡qué idea más horrible!), elaborar justificaciones. Y digo yo: este espacio no es lugar, ni bienvenida, ni nada.

Claro, cuando uno viene del mejor lugar en el que ha estado, construido para la ocasión más bella (una casa para una madre), es difícil que una estrella de mar hecha edificio le parezca algo más que una soberana tontería. Sin ánimo de ofender, claro.

Santiago de Molina dijo...

Muchas gracias, Alejandro. Todas las obras tienen un reverso. Un saludo afectuoso.

Ignacio Peydro Duclos dijo...

En diciembre de 2014: https://www.dropbox.com/s/bjnjz4v6azamuzw/2014-12-05%2014.02.22.avi?dl=0
¡disfrutar la arquitectura!

Santiago de Molina dijo...

Gracias Ignacio.
Conocía esta gamberrada por algún amigo que veo que tenemos común.
Hacer la croqueta, nada menos.
Un abrazo!

MIGUEL ANGEL TREJO AVILA dijo...

Sentir, Disfrutar y Vivir LA ARQUITECTURA

Siempre colega hermano y amigo