19 de enero de 2015

TRES MALENTENDIDOS

De Mies Van der Rohe los arquitectos han heredado un lema, (cuyo precio siguen sufriendo en todas sus detestables variaciones), dos obras que bien valen una carrera, - como son el pabellón de Barcelona y la casa Farnsworth - , y al menos tres malentendidos. 
El primero proviene de suponer que Mies era un arquitecto caro. Lo cierto es que nadie habría sobrevivido treinta años como arquitecto en un competitivo Chicago sin adecuarse a los ajustes económicos de su exigente clientela. Los famosos apartamentos en el 860 de Lake Shore Drive, costaron apenas diez dólares por metro cuadrado de 1951, más barato que los estándares locales de la época. El precio del Chicago Federal Center apenas fue de una veintena de dólares por metro cuadrado, lo cual no es excesivo para un edificio de oficinas climatizado de por entonces (1). (Y menos si lo comparamos con el precio de construcción de un edificio medio en ciudades como Londres). Sin embargo, seguimos manteniendo la idea de lujo miesiano en nuestras cabezas porque la historia nos ha legado las imágenes del ónice, las cortinas de terciopelo rojo, el precio actual de sus muebles, sus retratos con sus corbatas de seda y el humo de costosos habanos. Cosas para el futuro. Y la mítica. 
El segundo malentendido proviene de identificar la exquisitez en la ejecución de su trabajo con la perfección de un cuidadoso artesano. A este respecto John Winter dejó dicho hace más de cuarenta años: ”Un visitante inglés, que ha asumido esa perfección volcada en primorosos detalles colocados cuidadosamente en las páginas de tantos libros de Mies, se quedará sobrecogido por la masilla desparramada por el Illinois Institute of Technology y el acero retorcido de la marquesina en el edificio de Lafayette Park”(2). 
Mies hizo lo que pudo, y más cuando dispuso de un presupuesto ajustado. Quizás un poco más que el resto de los mortales. 
El último malentendido es creer que Mies era un exquisito conocedor de la arquitectura clásica y seguidor de su sinceridad constructiva. Y como muestra la imagen del comienzo. Ningún arquitecto verdaderamente clásico, ni siquiera Schinkel, sería capaz de ejecutar esquinas que hablan de una perfecta equivalencia de fachadas, en sus dos direcciones. Porque en la arquitectura de Chicago, de Nueva York o Toronto, la esquina era un buen lugar para señalar cuál era la fachada principal de cada una de sus obras, la cara predominante. Y sin embargo miren aquí. Edificios exentos, esquinas equivalentes y rellenas como pavos en Navidad. Una esquina de Mies responde, por encima de todo, a resolver eficazmente un ritmo en la modulación industrializada de la fachada. 
Por cierto, en la imagen del comienzo se puede intuir que hay otro malentendido sobre Mies. Creer que es solo autor de obras maestras

(1 y 2) WINTER, John, “Misconceptions about Mies”, Architectural Review, nº 900, Febrero 1972, pp. 69

6 comentarios:

Iago López dijo...

Muy interesantes los malentendidos. También pensaba que era un arquitecto caro, con obras excelentemente ejecutadas (sólo he visto el reconstruido pabellón, el Seagram, y el museo berlinés), e influido por el clasicismo; pero sigo dudando que la casa Farnsworth, como casa, sea una obra maestra (http://tinyurl.com/o8tupuk).
Saludos y enhorabuena por el siempre interesante blog!
Iago López

Chus dB dijo...

Vaya preciosidad de entrada, Santi . A mi lo que me inquieta y a la vez me maravilla es la esquina de Mies. Esa esquina que "cierra sin cerrar" y consigue crear auténticos contenedores de silencio. Te dejo aquí algo que una vez escribí a a propósito de esto .

Jorge Roa dijo...

Siempre he visto esas esquinas como un ingenioso recurso. Una especie de muelle donde convergen y se resuelven las tolerancias (o intolerancias) de la modulación. Gratificante lectura, como siempre.

víctor dijo...

siempre me pareció un malentendido atribuir a Mies la "generosidad" de retranquear el Seagram Building respecto a la alineación de Park Avenue. Imaginando los preciös del suelo en Manhattan, el que sin dude fue generoso con la ciudad fue el señor Seagram.

Santiago de Molina dijo...

Gracias Chus, gracias Jorge, gracias Victor.
Un abrazo y gracias por vuestros matices

Santiago de Molina dijo...

Gracias Iago y gracias, como dices en tu texto, por considerar a Mies un Arquitecto perverso.
Tal vez lo sea. Saludos